Diamante en bruto

RAZAS. Autor: David Mamet. Versión y adaptación: Bernabé Rico. Dirección: Juan Carlos Rubio. Intérpretes: Toni Cantó, Emilio Buale, Bernabé Rico y Montse Plá. Compañía: TalyCual. Duración: 1 hora 30 minutos. Lugar: Teatro Blas Infante.


La última provocación teatral de David Mamet ya está de gira. Se lo debemos, en gran parte, al espíritu inquieto y emprendedor de Bernabé Rico. Y es que el actor, después de haber visto el estreno de Razas en Broadway, ha llegado a un acuerdo con el representante de Mamet para poder representar la obra en España.

Sin duda, hay que felicitar a Bernabé por el ojo,  el olfato y el buen gusto que ha tenido a la hora de escoger este texto para su compañía Tal&Cual. Bien valía pelearse con el representante de Mamet para conseguir los derechos de una obra escandalosamente vigente.

El argumento de Razas gira alrededor de Jack Lawson -Toni Cantó- y Henry Brown -Emilio Buale-, dos prestigiosos abogados que reciben la visita de un adinerado ejecutivo blanco llamado Charles Strickland –Bernabé Rico-. El banquero busca defensa legal tras ser acusado de violación por la sirvienta negra de un hotel (¿Les suena un tal Dominique Strauss Kahn?) Cuando la joven ayudante del despacho –interpretada por la actriz mulata Montse Plá- se implica en el caso, las auténticas opiniones de cada uno empiezan a revelarse quedando la inocencia del imputado en entredicho.

Con el affaire Strauss Kahn aun coleando, esta obra tiene el mérito de tratar un tema plenamente actual. Razas no podía interpretarse en un momento mejor ni, de hecho, en un sitio mejor. La obra tuvo lugar en el Teatro Blas Infante de Badalona, una ciudad que estas últimas elecciones ha sido el epicentro de la información política en nuestro país. Badalona ha absorbido durante años una elevada carga inmigratoria, causando un fuerte cambio en el entorno de los barrios de la ciudad. En las últimas elecciones locales Xavier García Albiol, el candidato del Partido Popular, ha fundamentado su campaña electoral en señalar al inmigrante delincuente como centro de todos los problemas de la ciudad. Algunos acusan a Albiol de xenófobo. Otros dicen que simplemente se atreve a decir las cosas sin tapujos. Sea como sea, el candidato popular ya ha sido investido alcalde. ¿Eso convierte a Badalona en una ciudad llena racismo? Badalona, sumada al auge de la derecha xenófoba en Europa, nos lleva a preguntarnos: ¿Somos prejuiciosos con otras razas? ¿Eso nos convierte en racistas? ¿O simplemente caemos en el clasismo puro y duro? Esas son, precisamente, las mismas preguntas que nos suscita Razas. Una vez más, Mamet da en la diana del conflicto social. Una vez más, el dramaturgo provoca con una de sus obras un sinfín de dudas en el espectador. Una vez más, la ficción de Mamet supera la realidad.

Lo bonito del texto original de Mamet es que no habla del racismo obvio, del del blanco poderoso contra el negro oprimido. El dramaturgo va más allá: trata del racismo de los negros contra los blancos y del aprovechamiento por parte de los mismos negros de las leyes de discriminación positiva. Sin duda, el núcleo de la obra son los prejuicios: el racismo como un gran prejuicio.



Razas se aproxima a este tema adoptando el formato de thriller legal, género que aporta intriga a la trama y posiciona al espectador como voyeur de la preparación de un procedimiento judicial, enseñando los oscuros recovecos de la abogacía y, por ende, de la justicia a golpe de talonario.

Vigencia del texto a parte, Mamet continua fiel a su estilo. Pocas obras del dramaturgo son tan paradigmáticas del Mamet speak, o lo que es lo mismo, la sucesión de diálogos basados en frases cortas entre personajes que se interrumpen los unos a los otros. Este ritmo eléctrico para desarrollar la obra deja postrado al espectador des del primer minuto en su asiento. Mamet te agarra desde la solapa cuando empieza la función y no te suelta durante los 80 minutos que dura. El Mamet speak no sólo imprime ritmo y celeridad a la obra, sino que además ejerce la función de atraer la atención del espectador. Y es que el público sabe des del primer intercambio de frases que si pestañea tiene mucho a perder. Para los espectadores de teatro que necesiten tiempo para digerir las tramas, que se planteen si deben ir a ver esta obra. Mamet no da tiempo al respiro: ametralla con diálogos llenos de carga social, de cinismo, de ironía y destellos de humor. En definitiva, el Mamet speak y el mensaje de la obra ligan como una buena mayonesa: forma y contenido se dan de la mano perfectamente. ¿Quien dijo que para hablar de temas tan trascendentales como el racismo se necesiten grandes parrafadas o escenas contemplativas? El ritmo vertiginoso que imprime Mamet sumado a un tema vigente e interesante es lo que convierte a Razas en un texto extraordinario.

Quienes sean empáticos a la faena del actor advertirán que interpretar un Mamet no es una tarea fácil. Efectivamente, hacer un Mamet, hacerlo bien se entiende, no es baladí: debe ser destacado en el currículum de cualquier actor. Preguntados por ello en un coloquio que tuvo lugar al final de la obra, Toni Cantó afirmó que la preparación  de la obra fue dura, y que el estado de concentración del actor debe ser superior en un Mamet. Lamentablemente, parece ser que el único intérprete que tenía cuerpo y alma en el texto era el propio Cantó. La interpretación del resto de elenco de actores era mediocre, sin alma, descreída. Parecían que recitaran de memoria sin poner la intención y el sentimiento que la obra necesita. En especial Bernabé Rico, el alma mater de este proyecto. Bernabé no sólo interpreta al acaudalado banquero Charles Strickland. El actor además se ha lanzado a la traducción del texto y a la producción de la obra. Lo que me hace creer que Rico ha gastado más energías fuera que dentro del escenario. Todo ello pasaría inadvertido entre un elenco de actores ordinarios (que los hay a montones en las carteleras españolas). Pero ¡ah! ¡Con Toni Cantó hemos topado!

Pero no dejemos de hablar de Bernabé Rico quién, recordemos, ha traducido y adaptado el texto de Mamet. ¿Saben cuando en una película americana traducen el “Damn it” por el “Maldita sea” y el “Fucking” por el “Jodido/a”? ¿Quién utiliza la interjección “Maldita sea” cuando se golpea el dedo contra la pata de la cama? ¿Quién? Ya se lo digo yo: la minoría. Este fenómeno, este castellano “anglificado” patrimonio de los traductores es en el que ha caído Bernabé Rico. Los diálogos de Razas se despliegan como una retahíla de frases sacadas de algún thriller policíaco made in Hollywood. Y a este fenómeno, en teatro, el espectador no está acostumbrado. Y es que en nuestro país la producción interina es muy alta comparada con la de otros géneros de la cultura como el cine o la música. En nuestro país, estamos acostumbrados a ver obras de teatro con nuestro propio léxico, con frases llenas de interjecciones ajenas al “Demonios” o al  “Maldita sea”. Una adaptación más libre hubiese funcionado mucho mejor.



Ciertamente, la escenografía también ha sido adaptada. Frente al lenguaje realista, y callejero que Mamet utilitza en sus obras, Razas se desarrolla en una escenografía conceptual, una especie de onda metálica iluminada con unos tonos fríos que representa el buffet de los abogados Lawson y Brown. ¡Craso error! Un escenario conceptual pone todo el foco en el gesto, en la interpretación y en el mensaje, y recordemos que Razas está interpretado por unos actores que, a excepción de Toni Cantó, están faltos de intención.

En efecto Razas es un diamante en bruto: un texto exquisito que se ve empobrecido por aspectos formales como la escenografía, la traducción y la interpretación. ¡Qué lastima! Razas deja un sabor de boca a oportunidad perdida. Uno se va del teatro con la sensación que la compañía dirigida por Bernabé Rico ha desaprovechado el gran potencial del texto de Mamet. Qué pena hacer de Razas una función simplemente interesante, cuando podría haber sido una obra memorable.

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